El
Aceite
Extraído
de diferentes tipos de semillas y utilizado como fuente
de alimento desde épocas remotas, el aceite
ha sido un producto de gran interés para la
economía de los pueblos y objeto de activo
comercio en todos los tiempos.
Los aceites comestibles son mezclas de sustancias
grasas que se extraen de diferentes tipos de semillas,
de la pulpa de algunos frutos y también de
ciertos tejidos animales. No obstante, la aplicación
de estos últimos en la alimentación
humana es muy restringida y se utilizan más
bien como aporte vitamínico y reconstituyente.
Los aceites se obtienen al prensar frutos y semillas
ricos en contenido graso. Inicialmente se obtiene
un jugo formado por aceite, agua y diversas impurezas.
Estas últimas se eliminan por medio de distintos
procedimientos, que reciben en general el nombre de
clarificado y refinado, hasta conseguir el llamado
aceite virgen, libre de partículas sólidas
y otros elementos extraños.
Los aceites hidrogenados se forman a partir de aceite
e hidrógeno. La combinación de ambos
se realiza en caliente y a presiones elevadas, de
modo que el aceite líquido se transforma en
grasa o en una sustancia semisólida con la
que se elaboran las margarinas.
Numerosos son los frutos y semillas de los que se
extraen aceites usados en la alimentación,
bien como ingrediente fundamental, como aliño
o como elemento para cocinar. Entre ellos destacan,
por la difusión de su empleo y la importancia
de su producción, los de oliva, girasol, maíz,
cacahuate o maní, soya o soja, sésamo
o ajonjolí, coco y semilla de algodón.
Es también notable, por su aporte vitamínico,
el aceite de hígado de bacalao.
Uno de los aceites más utilizados, por ser
ligero y fácil de conservar y por tener un
sabor muy agradable, es el de girasol, obtenido de
las semillas de esta planta. También goza de
gran aceptación el que se extrae del germen
del maíz, mediante prensado y posterior tratamiento
con un disolvente adecuado.
El aceite bruto de maíz presenta un color amarillento,
más o menos oscuro según el método
de obtención, y es muy ácido, por lo
que se purifica antes de su comercialización.
Con él se elaboran diferentes tipos de margarinas.
En los países mediterráneos se emplea
con profusión el aceite de oliva, ya apreciado
por los griegos y los romanos, de color verdoso y
notables cualidades culinarias.
Por su parte, el aceite de cacahuate, rico en ácido
oleico, se produce a partir de semillas de dicha planta
una vez limpias y descascarilladas. Es casi transparente
y no sufre enranciamiento (oxidación) al contacto
con el aire. Se utiliza en cocina y también
para la preparación de margarinas.
Otro aceite cuyo consumo se ha incrementado en las
ííltimas décadas es el derivado
de la soya, que se extrae por prensado en caliente.
Las tortas resultantes del proceso de fabricación
se destinan a la alimentación del ganado.
El aceite de sésamo contiene fosfatos y lecitina,
una grasa muy beneficiosa para el sistema nervioso.
Es rico en proteínas, grasas y sustancias minerales
y, como el de cacahuate, no se enrancia.
De la copra, pulpa del fruto del cocotero, se extrae
el aceite de coco, con el que se elaboran grasas alimenticias.
Al igual que en el caso del aceite de semilla de algodón,
la extracción se verifica por prensado en caliente.
Destaca por su valor nutritivo el aceite de hígado
de bacalao, que contiene yodo, azufre, fósforo
y vitaminas A y D; por ello se utiliza como reconstituyente.
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