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Alfred Nobel

Las MANCHAS DEL SAPO

 

Las aves fueron invitadas a un gran baile
que se daba en el cielo.
El sapo se enteró de la noticia y no sabía
cómo hacer para asistir.

El águila, que era cantora y guitarrera,
iría seguramente con su instrumento
y el sapo decidió esconderse en la caja
de la guitarra.

Todas las aves, muy coquetas y arregladas,
llegaron al cielo y comenzaron a sentarse a
la mesa del banquete.
Llegó el águila con su guitarra a la espalda,
la dejó a un lado y buscó su lugar.

Al rato salió el sapo y se presentó entre
los invitados. Para todos fue una gran
sorpresa ver aparecer aquel caballero.
No se explicaban cómo había podido
subir hasta esas regiones.

Para colmo de sus males, en medio de
la reunión, se dió vuelta y escupió,
descuidadamente, con tan mala suerte,
que le tapó un ojo al colcol -buho- ,
quien se enojó y protestó en público
por la mala educación del mozo.

La fiesta fue espléndida.
Los concurrentes bailaron y se
divirtieron muchísimo.

Cuando llegó el momento de regresar,
fueron grandes los apuros del sapo
para esconderse otra vez en la guitarra.
Todos estaban atentos y lo vigilaban
para descubrirlo.

El águila advirtió la maniobra y se pro-
puso castigarlo :
se puso la guitarra volcada, de modo que
en cuanto comenzó a volar hacia la tierra,
cayó el sapo desde muy alto!.

Caía sobre un pedregal y el pobre gritaba:
¡Pongan colchones!
¡Pongan colchones que voy a partir las
piedras!

Pero nadie le hizo caso.
El golpe fue terrible y el cuerpo quedó
lleno de heridas.
Las cicatrices son las manchas que han
quedado para siempre en la piel del sapo !