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El misterio de tonapa
Alarco de Zadra, Adriana

EL MISTERIO DE TONAPA

Por Adriana Alarco de Zadra
Lima, Perú

TONAPA, EL DISCIPULO

El más famoso personaje que apareció en la sierra de los Andes en época prehispánica. fue Tonapa quien dijo descender del Dios Creador, y a quien los Incas consideraron discípulo del dios Viracocha. Las leyendas que se narran sobre él son tan extraordinarias que los cronistas españoles lo confundieron con Santo Tomás y también con Jesús.
Se dice que apareció un hombre blanco de mediana estatura con báculo en mano, quien bajó el fuego del cielo y quemó los montes, en la costa del mar. Luego, tendió su manto y se fue por las ondas como espuma de mar. Se había salvado del diluvio universal refugiándose en una isla del Lago Titicaca, por lo que en ciertas regiones le pusieron el nombre de Uno Pachacuti, que significa «agua que trastorna la tierra».

Pachacuti o Pachacutec es nombre que lleva también uno de los Incas.

Cuentan los cronistas que Tonapa hizo una cruz muy grande y la trajo sobre los hombros hasta ponerla en el cerro de Carapucu, junto a la laguna grande de Carapucu. Allí predicó dando grandes voces, y los pobladores, echando lágrimas, se lavaban la cabeza en las aguas del lago. Este hecho también dio motivo a los españoles para comparar la leyenda de Tonapa con la historia cristiana de Jesús.

El nombre del lago Carapucu proviene del silbido de un pájaro. Cuando canta cuatro veces muy de madrugada un ave llamada Pucopuco, se dice que es la hora del Carapucu.

Este discípulo del dios andino viajó por las alturas de la sierra y por la costa. En Huánuco le levantaron una puerta por donde pasó a su llegada y desde donde predicó a los habitantes del pueblo.
Se conocen las medidas de la puerta de piedra que se construyó para el discípulo de Huiracocha. Esta medía 38 pies de largo, 18 pies de ancho y 6 pies de grueso.

EL MISTERIO DE TONAPA

El misterio ha rondado siempre las leyendas que existen sobre Tonapa, el nombre más venerado en la sierra andina del Perú en época incaica.

A este predicador a quien lo llamaron hijo del sol y posteriormente siervo del dios Viracocha, le dieron también otros nombres como Tarapacá o Aguila, Ati Con, Con Apa, Con Tiki, y Papachaca.
El significado del nombre Tonapa, con el que fue conocido, es «molinillo de fuego», por lo tanto es un epíteto solar, símbolo, atributo o encarnación del sol. Los españoles que llegaron a conquistar el Imperio de los Incas quedaron impresionados por las leyendas que existían de este personaje controversial y lo llamaron «el Barón Tonapa», o «Santo Tomás» También fue identificado con San Bartolomé, con Santiago matamoros y con Jesucristo.

Le atribuyen a Tonapa la fabricación de una enorme cruz de madera que habría cargado sobre los hombros desde la sierra de Carabaya hasta el cerro de Carapucu. Aunque todas las leyendas están de acuerdo en que durante su vida pública Tonapa, o Con Tiki, era ya un hombre viejo, delgado y demacrado, sin fuerzas para cargar tanto peso, este suceso sólo se explica como un hecho milagroso.

Se cuenta que el predicador Tonapa llegó desde la parte septentrional de lo que fue el Imperio incaico, y se le describe como un hombre de pelo cano, flaco, pobre, viejo, barbudo de cabellos largos, que viste camisa o túnica larga y ceñida de color blanco; alto de cuerpo, y tocado con una corona a manera de los sacerdotes. También se ha dicho que llevaba en la mano un bastón, palo o tirso, símbolo de virilidad, que los españoles trocaron luego en libro, en las imágenes que se hicieron de él posteriormente. Se dijo también, para asombro de las gentes, que el hombre no tenía huesos por lo que andaba mucho y muy ligero.

Según las leyendas, las primeras noticias que se tienen de este personaje extraordinario son cuando sale de las aguas de una laguna en Collasuyo. (Otros personajes principales también salieron o nacieron de las aguas en las antiguas creencias). Dice llamarse Tonapa Con Ticci Huiracocha, o señor Con Tiki, (siendo Huiracocha el apelativo quechua de señor).

Se embarca sobre una manta que le sirve de balsa, en el Lago Titicaca, y se libra de una muerte cruel, bajo diluvios y tempestades, llegando finalmente a refugiarse en la localidad sagrada de Tiahuanaco (actual localidad en Bolivia). Venía huyendo del pueblo de los Canas del Cuzco, gente fiera y cruel que desconfiaba de los desconocidos y que deseaban torturarlo y matarlo, encolerizados como estaban por la disciplina que quería imponerles a través de sus mandamientos, órdenes y sermones.

Entonces, Tonapa encolerizado hace caer fuego del cielo apuntando a las nubes con su mágico bastón y los amedrenta. Arrepentidos los Canas al ver dicho milagro, le piden perdón y Tonapa, o Con Tiki, apaga el fuego con la vara que tiene en las manos. Para recordar este suceso se levanta en un sitio cercano al Lago Titicaca, una huaca, que es una gran piedra esculpida con rasgos humanos y zoomorfos, de cinco varas de alto (4.25 m) y una de ancho (O.85 m), que se puede ver hasta hoy.

Luego de librarse de los enardecidos Canas, Tonapa enseña a las gentes a sembrar, a construír viviendas, a criar a sus hijos. Envía a sus discípulos, llamados los huiracochas o señores, en señal de respeto, a que «vayan hacia donde el sol sale» con el propósito de formar poblados y de enseñar un nuevo culto. Los discípulos enviados hacen salir a las gentes de las cuevas, fuentes y lechos de los ríos donde eran dados vivir en esos tiempos y los reúnen con el propósito de formar poblados, de enseñarles la agricultura y de construir habitaciones en lugares secos y saludables.

Nos cuenta la leyenda que Tonapa o Con Tiki entra con su gente en el territorio del actual Perú, haciendo maravillas e inculcando una nueva doctrina. Crea a los «Orejones» o comunidad religiosa del Cuzco y habla a todos con gran amor, como si fueran sus hijos o hijas. Sana a los enfermos con sólo tocarlos con las manos, y los aconseja en todos sus problemas y dificultades. Destierra ídolos e imágenes de los demonios que amenazaban a las gentes y, según contaban los habitantes del Cuzco, hacían grandes daños y les arrebataban a sus criaturas amparados en la oscuridad de la noche.

Se relata que el demonio salió de entre la población dando gritos tan fuertes como truenos y rayos, y se escondió en los cerros nevados. Tonapa extirpa los falsos dioses de las huacas o lugares sagrados, y destierra a los malvados hacia los cerros Pariaca y Uallolo, entre carámbanos helados, donde se han quedado desde entonces, según las creencias.

Con la ayuda de Tonapa y de sus discípulos, los habitantes de la Cordillera de los Andes aprenden, entonces, a cultivar la tierra, a reproducir maíz, papas y menestras, a cocinar pan de maíz en planchas de piedra, a tallar instrumentos, a cocer ceramios de arcilla y poco a poco se forman las primeras comunidades agrícolas.

Por un tiempo, Tonapa habitó en Huarivilca. Su casa quedaba por donde se entra del Cuzco al valle de Jauja, al pié de un cerro pequeño junto al río. Sin embargo, viajaba a lo largo y a lo ancho de la cordillera andina predicando y enseñando.

Un día llegó muy cansado al pueblo del Cacique Apotambo, donde estaban celebrando una fiesta de bodas de uno de los jefes guerreros. Le regaló al cacique un bastón que le sirviera de bordón, predicó incansablemente y explicó los siete preceptos sabios que debían regir sus vidas. Reprendió afablemente a quienes llevaban una vida desordenada y destruyó un ídolo de mujer en el cerro Cachapucara. Los dejó a todos contentos y llenos de agradecimiento por sus enseñanzas cuando finalmente se retiró del lugar.

Sucedió, más bien, que tiempo después, en un pueblo llamado Yamquesupa donde llegó Tonapa bajo una gran tormenta de lluvia, lo echaron de mala gracia pues no querían escuchar sus doctrinas y deseaban seguir viviendo como lo habían hecho hasta entonces en forma desordenada y holgazana. Tonapa no traía más que una camisa larga, que cubría su delgado cuerpo, y tenía hambre, sed y frío. A pesar de que pidió por caridad que lo cobijaran por una noche, no quisieron hacerlo. Entonces, enfadado, los maldijo:

– ¡El agua cubrirá sus cabezas, sus casas, sus animales y todas sus tierras!

Así fue, poco después el agua de la lluvia anegó todo el lugar y por causa de esa terrible tormenta, el pueblo desapareció y el sitio se convirtió en una laguna inmensa.

Quiso Tonapa recorrer durante su peregrinaje, las tierras de la costa y relata el Inca Pachacutec en su recopilación de la historia del Imperio Incaico, que, como era un reformador de doctrinas e imponía nuevas creencias, los pobladores en la costa no quisieron escucharlo.

Los Incas tuvieron como dios un ser supremo llamado Viracocha en la sierra de los Andes y los habitantes de la costa lo llamaron Pachacamac. Él era el Hacedor del Mundo, y el sol, la luz del día y los astros eran sus siervos para ayudar a los hombres. Así también, Tonapa o Con Tiki decía ser siervo del dios supremo, y, como su nombre indica que está ligado al fuego y al sol, lo consideraron dios del fuego. En las creencias andinas, Tonapa es también llamado Illapa, nombre del dios del trueno en la mitología indígena. Como en el Evangelio, el apóstol Santiago es llamado «hijo del trueno», se estableció un paralelismo o identificación entre el predicador y la religión cristiana a la llegada de los conquistadores españoles.

Como hemos dicho, cuando Tonapa llegó a predicar a la costa, los hombres no lo escucharon y le hicieron enojar. Entonces, trocó las tierras fértiles en estériles y les quitó la lluvia. Cuenta la leyenda que a causa de la maldición de Tonapa, gran parte de la costa del Perú sigue siendo un desierto seco hasta el día de hoy.

Tonapa también castigó a los hombres que habían hablado mal de él y convirtió en piedra a algunos de sus enemigos. A un hombre y a una mujer, los transformó en dos islotes que parecen piedras unidas y desde entonces se le llama a dicha huaca “Hechizo de Amor”. Estas piedras pueden verse en la costa al sur de Lima y frente a Pachacamac.

El Inca Pachacutec, según Garcilaso, refiere que, más tarde, los pobladores de las tierras calientes de la costa se dedicaron a adorar al dios Pachacamac. Lo consideraron el ser supremo, creador del sol y la luna, y le construyeron un templo que se volvió famoso en todo el Imperio incaico, en las cercanías de la actual ciudad de Lima. Fue visitado por peregrinos que provenían “de los cuatro suyos” (o los cuatro ángulos de la tierra), con gran devoción, y estuvo considerado lugar sagrado de oráculos y centro de ceremonias religiosas por largo tiempo. Aún hoy se pueden visitar las ruinas del magnífico templo de Pachacamac.

Como la gente no quería escuchar las doctrinas del predicador Tonapa, el dios de la costa lo desterró, convirtió a sus hombres o discípulos en gatos y crió nuevos hombres y mujeres que fueran fieles a Pachacamac.
Viajó Tonapa a lo largo de la costa hasta Puerto Viejo y se metió mar adentro, caminando “como si por tierra anduviese”. También este hecho fue considerado un milagro por parte de los españoles, que encontraron similitudes en la Biblia.
De la vida de Tonapa no se supo más después de este misterioso peregrinaje a la costa.

Sin embargo, el culto a Tonapa continuó por muchos años en la sierra de los Andes, también durante el Incanato. Relatan que al nacer el hijo del Inca Capac Yupanqui, éste mandó traer agua del Lago Titicaca, del mismo lugar sagrado en donde Tonapa se había refugiado en su huida de los Canas, para ungir con el agua al nuevo infante Inca Roca. En la ceremonia se cantaron muchas alabanzas al desaparecido predicador. Cuando los españoles llegaron al Perú y tuvieron noticia de este hecho, lo indicaron como el primer bautizo con agua conocido en el Nuevo Mundo.

Esta es la leyenda de Tonapa, gran predicador, reformador de cultos y siervo de dios, alabado y venerado en la sierra de los Andes.